En la Escuela de Hostelería una de las cosas más divertidas era hacer las “patatas souffles“, aparentemente eran complicadas pero son de esas cosas que luego lucen más que lo que cuesta cocinarlas.

    ¿Conoces sus orígenes?

    Hacia 1830 había un cocinero que quería agasajar al rey Luis Felipe de Francia pero no contaba con el retraso que traía el tren donde viajaba hacia la estación de Saint-Germain. Se vio obligado a retirar las patatas cortadas en rodajas que estaba friendo en aceite hirviendo.
    En un principio se disgusto pero no contaba con que al volver a meterlas en el aceite bien caliente, se iban a abrir en una especie de bolas doradas y crujientes dando origen a una de las más brillantes recetas de la historia.

    Si te animas a hacerlas te cuento como hacerlas:

    Pélalas, después ponlas en agua fría para que no se oxiden y también para eliminar parte del almidón y así queden más crujientes.
    Después escúrrelas, sécalas bien y con la ayuda de una “mandolina” córtalas en rodajas con la cuchilla recta a 3 mm de grosor.
    Por último debes freírlas dos veces. Primero calienta el aceite a 160ºC con la ayuda de un “termómetro”, después sumerge las patatas en el aceite durante 5-6 minutos hasta que se ablandan. Retíralas y déjalas enfriar.
    Un poco antes de ir a servirlas aumenta la temperatura del aceite a 180º C y fríe las patatas otra vez hasta que se hinchen y estén crujientes más o menos 1-2 minutos.
    Coloca las patatas sobre un papel de cocina para que eliminen el exceso de aceite.

    En la segunda fritura no hagas muchas de golpe y mueve la sartén de forma circular mientras se fríen.
    Entre las dos frituras puedes dejarlas enfriar y reservar sobre un paño de cocina limpio separadas unas de otras.

    Si quieres un toque especial no te conformes con sazonarlas solo con sal, anímate con distintas pimientas u otras especies.

    ¡Animo a ver que tal y me contáis!
    Carmen

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