Seguro que muchos de vosotros después de un día de trabajo llegáis a casa y no tenéis nada de cena y estais cansados y con hambre.
    Para esas ocasiones es práctico recurrir a los huevos, uno de los ingredientes más valiosos y nutritivos de la cocina. Por otro lado es uno de los alimentos que siempre solemos tener en la nevera.
    La manera de guisar un huevo es sencilla y hay muchas técnicas. Voy a intentar enumerlos de una manera sencilla.

    Duros: se cocinan a partir de agua fría que debe hervir suavemente, si están a temperatura ambiente tienen menos posibilidades de que se rompan al pelarlos.
    Empieza a contar el tiempo a partir de que comiencen a hervir. Será suficiente que cuezan 10 minutos, en cuanto estén cocidos pásalos por agua fría para cortar la cocción y evitar que se pongan grises alrededor de la yema. Los huevos viejos son mas fáciles de pelar ya que su acidez es menor y permite separar mejor la clara de la cascara. Con unas patatas cocidas, unos pimientos asados y mahonesa tienes un plato sencillo y rápido.
    Pasados por agua: se cocinan en agua hirviendo suavemente con una pizca de sal de 3 a 4 minutos. Quita la parte superior de la cascara y tómalo con una latita de sucedáneo de caviar y pan recién horneado.
    Escalfados: se cocinan en una cacerola poco honda con agua y vinagre a fuego suave durante 3 minutos. Pon una cucharita de vinagre por litro de agua. No añadas sal ni cocines más de cuatro a la vez. Utiliza huevos muy frescos para que no se desparramen y sácalos con la ayuda de una espumadera. Puedes tomarlos sobre una rebanada de pan de molde con jamón cocido, salsear con una bechamel clarita, cubrir de queso rallado y gratinar.
    Al plato: se cocinan en cazuelas individuales untadas con un poco de mantequilla. Pon los huevos que puedes acompañar con champiñones, tomates, espinacas rehogadas, atún, chorizo, queso etc. Si son pocos los puedes cocinar en el fogón a fuego muy suave y en cuanto cuaje la clara los retiras y tapas un minuto con papel de plata. El secreto esta en el equilibrio entre el proceso de cocción y la temperatura. Si los cocinas en el horno ponlo a 200 ºC durante 6-8 minutos.
    Revueltos: se cocinan en una sartén y el secreto está en hacerlos a fuego lento y removiendo continuamente. Si añades nata en el último momento los enriqueces y detienes la cocción dejándolos muy cremosos. Añádeles la sal después de batir para que queden esponjosos. Puedes añadirles infinidad de ingredientes: setas, angülas, salmón, gambas, trigueros etc….
    Fritos: Lo perfecto es la yema líquida y la clara cuajada, para conseguirlo vierte aceite con la espumadera sólo sobre la clara. Usa aceite de oliva que le da un sabor delicioso y si te gustan con “puntilla” el aceite debe estar muy caliente. Sí quieres lucirte usa un molde para huevos y fríelos dentro de él, quita el molde con cuidado antes que el huevo. Ponlo a escurrir sobre papel absorbente, añade la sal y sírvelos. Las patatas fritas y el jamón serrano es un acompañamiento perfecto
    Tortilla: La sartén debe estar bien caliente para que los huevos se hagan inmediatamente pero no en exceso sino se dorara antes de tiempo y por dentro quedara sin cuajar. El plato es más completo si las rellenas, en ese caso si el relleno lo has cocinado antes debe estar caliente. Coloca el relleno frío o caliente en el centro y después dóblala para envolver.

    ¡Muchas veces es mas difícil pensar que hacer que el hecho de cocinarlo!.

    Carmen

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